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lunes, 18 de febrero de 2013

PORTADA DE NOSOTROS LOS MARCIANOS



nostros los marcianos,novela de law space publicada en la  editorial toray el año 1957 en la coleccion espacio-mundo futuro con el nº45 y portada de cha'bril  128 paginas:una pequeña muestra


Desde lo más remoto del tiempo, el hombre ha estado seguro de que el espacio que le rodeaba estaba habitado. Una rara y maravillosa intuición le ha hecho comprender, escapando a una egolatría estéril, que la grandiosidad del Universo, cuya infinitud sentía antes de haberlo medido, no podía estar vacía ni muerta. Otras vidas debían forzosamente palpitar en los lejanos mundos que temblaban en la noche.


Incapaz de saber, el hombre pobló el espacio de su invención, dotándolo de todas las perfecciones que él notaba a faltar en sí mismo. Así nacieron las Mitologías, concretándose en los Mundos vecinos a la Tierra, a medida que el hombre empezó a distinguirlos y conocerlos.

Más tarde, cuando la fría razón, vino a remplazar al fantástico poder de la Poesía y de la Leyenda, cuando el hombre pudo empezar a manejar los números, un viento de desolación barrió las viejas concepciones y el espacio volvió a un estado de desierto que no cuadraba, en modo alguno, con real grandiosidad,

Durante un largo período, los planetas, las constelaciones y las nebulosas no fueron más que puntos factibles de ser calculados, medidos, encerrados —cada vez más concretamente— en el absurdo gráfico de las ecuaciones. Nadie volvió a pensar, salvo algún escritor desmelenado, que los mundos pudiesen albergar más vida que la improbable de sus rocas volcánicas, de sus desiertos tremendos o de sus heladas estepas que se resquebrajaban como si la materia fuese incapaz de soportar tan inconcebibles temperaturas.

Pero, ya en él siglo XX, cuando, sin embargo, el avance de las técnicas materiales parecía condenar definitivamente toda idea de habitabilidad en otros cuerpos celestes, el hombre ha vuelto a sentir el escalofrío singular de los tiempos clásicos y ha elevado su mirada hacia el cielo, sintiendo de nuevo y con mayor fuerza que nunca la intuición de que otros ojos podían, como los suyos, estar mirando, desde otro mundo, el espacio, haciéndose la misma pregunta.

¿Por qué justamente después de la explosión de la primera bomba atómica ha empezado el mundo a sentir renovado ese interés? ¿Por qué se siente —a pesar de las racionales explicaciones de los sabios— la presencia, muy cerca de nosotros, de otros seres que intentan comunicar con los pobladores de este planeta?

Indudablemente estamos ya muy lejos de la concepción geocéntrica del Universo y de sus fatales y absurdas consecuencias. El rey de la creación empieza preparándose a desposeerse de su ridícula corona, limitándose a ser un «príncipe», más de los muchos que, como él, nacen, viven y mueren bajo la infinitud de los cielos.

Pero no es esto todo. Seguimos siendo tan estrictamente antropomorfos que, en la abundante literatura de anticipación, es raro encontrar otros puntos de vista que los que traten de colocar al hombre en lucha contra enemigos despiadados que llegan a la Tierra desde el otro lado del éter.

Nos agrada, como a los niños, ver en la especie humana al adalid de la justicia, al vencedor infalible, al héroe sereno que logra, en feliz lucha, doblegar la potencia de otros seres, siempre monstruosos —desde nuestro punto de vista, naturalmente— que desean invadir nuestro planeta para imponer en él la tiránica concepción de una desastrosa civilización antihumana.

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