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miércoles, 20 de febrero de 2013

PORTADA DE CEMENTERIO COSMICO


novela publicada el año 1981 por editorial bruguera,de la serie la conquista del espacio nº 568 con 96 paginas
ilustracion de la cubierta de luis amazan.

aui un trozo del primer capitulo:

Nunca olvidaré aquella terrible experiencia.


Es como si hubiese quedado grabado a fuego en mi mente cada uno de los espantosos detalles que formaron parte de la historia completa de mi aventura en los lejanos espacios siderales.

Todavía hoy, en muchas ocasiones, me despierto bruscamente, bañado en helado sudor, convulso, saliendo de alguna de las aterradoras pesadillas que me asaltan desde que todo aquello quedó atrás en mi vida. Y me pregunto, por unos instantes, estremecido y angustiado, si será posible que haya quedado todo en el pasado, que ya, por fortuna para mí, no pueda volver a aferrarme aquel terror dantesco entre sus heladas zarpas.

Entonces, lentamente, de modo paulatino, mis ideas van aclarándose, y recuerdo que todo eso forma parte de un pasado que, por fortuna, no regresará jamás. Entonces, la suave voz de ella me pregunta en la penumbra del dormitorio:

—Dan, mi vida... ¿te sientes bien?

La miro. Encuentro sus dulces ojos enamorados, fijos en mí. Su mano me acaricia con ternura, su brazo desnudo emerge de entre las sábanas para rodearme, amoroso, y parte de uno de sus espléndidos y bellos senos emerge, procaz, como recordándome la cálida belleza de sus formas, la tersura de su suave piel, la presencia misma de ese cuerpo adorable, pegado a mí en el lecho, dispuesto siempre a proporcionarme el calor y la ternura que necesito.

Niego entonces con la cabeza. Y me limito a musitar:

—No es nada, querida. Nada en absoluto. Una simple pesadilla...

—Comprendo —responde. Y sé que, en efecto, comprende. Ella sabe tan bien como yo lo que pasa por mi mente, lo que constituye para mí el escalofriante recuerdo de algo que, por mucho tiempo que pase, jamás podré olvidar por mucho que lo intente.

Luego, me obliga dulcemente a tenderme de nuevo, me cubre de besos, seca mi transpiración helada, y termina logrando que concilie de nuevo el sueño, o que el ardor de su contacto me haga apartar de la memoria todo aquello que no sea ella misma.

Entonces, el sueño amable o el amor apasionado, son como el sedante que mis tensos nervios necesitan. Y casi olvido. Casi.

Porque es imposible olvidar, yo lo sé. Y lo sabe ella. Ambos vivimos a solas con la huella invisible de un horror que marcó nuestras vidas para siempre. La marca indeleble de algo que sucedió lejos, muy lejos de aquí, de este mundo nuestro.

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