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lunes, 18 de febrero de 2013

PORTADA DE LA ASTRONAVE FANTASMA

la astronave fantasma,novela de law space publicada por la editorial toray el año 1956 dentro de la coleccion espacio-mundo futuro nº42,con 128 paginas,  Ilustración de cubierta:cha'bril,dejo una pequeña muestra de como comienza la novela.








El potente «Cadillac», dotado de los últimos adelantos de la técnica, luchó durante una décima de segundo con las leyes del equilibrio, amenazando estrellarse contra una de las farolas. El otro vehículo, que acababa de desembocar, también a una gran velocidad, de la calle de La Fayette, hizo igualmente una curiosa pirueta para acabar subiéndose a la acera del bulevar Haussmann, antes de frenar, en última instancia, junto a la pared de uno de los edificios de piedra, haciendo correr desesperadamente a los transeúntes.

— ¡Estás loca, Christiane!

Pierre Delahaye, proyectado por el frenazo, había logrado agarrarse fuertemente al asiento delantero, sin chocar cómo temía contra el cuerpo de su hija, que también se había adelantado impulsado por la inercia de movimiento.

— ¡Estás loca, Christiane! — repitió.

El conductor del otro vehículo, un señor que intentaba descomponer su flema británica, esforzándose por hacer visible su cólera, venía hacia ellos, sus manos se movían en molinete, recordando vagamente los gestos desesperados de un director de orquesta que ve una desarmonía completa en sus profesores.

Pierre Delahaye cerró los ojos. Prefería escuchar las fuertes frases del enojado señor sin verle, ya que íntimamente «monsieur» Delahaye era esencialmente un tímido...

El enfurecido caballero, que había estado a punto de estrellarse, para evitar el choque con el «Cadillac» que conducía Christiane, se detuvo a dos metros del coche. Su rostro, al que había logrado imprimir, con gran esfuerzo, la expresión de cólera que requerían las circunstancias, se mutó en pocos segundos, apareciendo de nuevo la caballeresca expresión de un hombre de mundo que se encuentra ante una deliciosa criatura...

— Perdón... — empezó a decir, al tiempo que se descubría gentilmente.

Con un suspiro, que demostraba muchas cosas, «monsieur» Delahaye abrió los ojos, comprendiendo que el «hombre encolerizado» acababa de perder definitivamente la partida. Estaba acostumbrado a comprobar que la belleza de su hija, unida a una especie de arte especial, derrumbaba con harta frecuencia cóleras y enfados del sexo fuerte, provocando reacciones contrarias en las otras mujeres.

El hombre encolerizado había dejado de serlo hacía ya unos minutos y «monsieur» Delahaye descubría en los ojos del otro una serle de raras luces de esperanza cuando, repentinamente y después de sonreír — detalle que Pierre vio en el retrovisor — Christiane puso el «Cadillac» en marcha, alejándose velozmente de aquellos lugares.

— Vamos a llegar tarde, papá — fue todo el comentario que hizo.

Al llegar al Arco de Triunfo hubieron de disminuir la velocidad forzosamente, pues la densidad de circulación era allí tremenda. Vehículos de todas clases y peatones que llenaban las aceras, formaban una masa compacta, cuyo ritmo de marcha, exageradamente lento, era imposible forzar.

Christiane Delahaye, intensamente contrariada, intentó con mil argucias abrirse paso para avanzar más de prisa. Su impaciencia, al tiempo de no servirle de nada, la exasperó aún más. Luego, cuando se percató de la inutilidad de sus esfuerzos, encendió un cigarrillo y se resignó a seguir el coche que la precedía.

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